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"DIAGNÓSTICO DE TRASTORNO MENTAL ASOCIADO A TRASTORNO POR ADICCIÓN A COCAÍNA”
 

Carmen Medina Díaz.
Psicóloga de Grupo Ágora Intervención Sociocomunitaria.
Educadora de Minirresidencia Getafe. Gestión Técnica de Intress.
Junio 2007

 

El trastorno por dependencia de cocaína (DSM-IV-TR 304.20) se compone de las siguientes características:

  • Tolerancia: definida como la necesidad de mayor cantidad de sustancia para conseguir los efectos deseados o la disminución de dicho efecto con la misma cantidad de sustancia consumida repetidamente.
  • Abstinencia: interrupción (o disminución) del consumo prolongado de abundantes cantidades de cocaína.
    • Estado de ánimo disfórico y dos (o más) de los siguientes cambios fisiológicos que provocarán malestar clínico significativo o deterioro en una o varias áreas de la vida de la persona (laboral, personal, social) los cuales no se deben a enfermedad física ni explicado por la presencia de otro trastorno mental:
    • Fatiga
    • Sueños vívidos y desagradables
    • Insomnio o hipersomnia
    • Aumento de apetito
    • Retraso o agitación psicomotora
  • El consumo es frecuente o en cantidades mayores a lo pretendido previamente.
  • Existe el deseo o intentos persistentes e infructuosos de controlar el consumo o abandonarlo.
  • Se dedica mucho tiempo a actividades relacionadas con la obtención de la cocaína, con su consumo o la recuperación de los efectos que provoca.
  • Se reducen actividades laborales, sociales, recreativas no relacionadas con el consumo.
  • Se continúa con el consumo a pesar de ver deterioradas áreas (física, psicológica, relacional, etc.) de la vida de la persona provocadas o exacerbadas por el mismo.

En la primera entrevista se recoge el motivo de consulta y la motivación al tratamiento, así como las consecuencias del consumo en la vida cotidiana.

Se explica básicamente el contenido del trabajo a realizar a lo largo de las sesiones siguientes: se realizará la historia del consumo, desde sus inicios hasta el momento actual, se analizará bajo el esquema del Análisis Funcional de la Conducta el consumo de cocaína y de aquí se incidirán en las consecuencias que dicha conducta está trayendo a la vida del paciente y a su entorno.


Las consecuencias negativas del consumo más frecuentes son

  • Biológicas: disminución del apetito y consiguientemente pérdida de peso, alteración del ciclo sueño-vigilia, aquellas derivadas de la vía de administración, p.ej. en la vía esnifada perforación del tabique nasal y pérdida del sentido del olfato; fatiga, síntomas fisiológicos y físicos de ansiedad, tales como taquicardias, aumento de la frecuencia respiratoria, tics, temblores, etc.
  • Psicológicas: falta de concentración y memoria, dificultad para mantener la atención, percepción subjetiva de “estar descentrado”, irritabilidad, cambios bruscos de humor, heteroagresividad verbal y física, autoagresividad, en ocasiones ideación suicida, baja autoestima, estado de animo deprimido con desesperanza, locus de control externo (ubicado en la sustancia), focalización cognitiva y pensamiento obsesivo en el consumo, sentimiento de profundo sufrimiento personal y provocado en los demás que desemboca en culpabilidad, inquietud, hiperactividad, afectividad anestesiada,
  • Sociales: absentismo y desmotivación laboral, desinterés por las relaciones sociales, ausencia de empatía, aislamiento social, conflictos con las personas con las que convive, mentiras, problemas judiciales, endeudamiento económico.


Es a partir de las consecuencias que se van definiendo los objetivos de tratamiento, cuyo orden prioritario se va estableciendo en función del análisis del profesional y los intereses de la persona. Ni que decir tiene que todos los elementos se interrelacionan entre sí y que la mejoría o empeoramiento en uno o varios de ellos afectará al resto.
Es por esto que la intervención se centra en aspectos concretos y teniendo en cuenta a la vez los que en ese momento no están siendo foco de atención pero que se ven influidos.

El profesional ayuda a poner orden en el caos que la persona trae a consulta, donde todo a su alrededor se desmorona y no puede dejar de consumir y la cocaína le ayuda “paradójicamente” a reestablecer el orden, sin conseguirlo. Es el autoengaño la herramienta que posibilita que este equilibrio se mantenga, facilitando que se genere un círculo cerrado en el que el consumo provoca problemas y la persona intenta resolverlos consumiendo.

Prochaska y DiClemente establecen cinco estadios en el proceso de cambio de las conductas adictivas:

  1. Precontemplación: no ven que tienen un problema de dependencia ni las consecuencias que acarrea, si vienen a tratamiento es bajo presión externa, siendo habitual en estos casos el abandono del mismo.
  2. Contemplación: toma conciencia del problema y quiere comprender su adicción, consecuencias y posible tratamiento, pero no tiene el compromiso firme de cambio.
    Si la persona llega a tratamiento en ese estadio se puede trabajar en dirección a estadios posteriores.
  3. Preparación: aparece la intención de abandonar el consumo, hace pequeños cambios en su consumo (cantidad, frecuencia) y tiene la decisión y el compromiso de conseguir la abstinencia.
  4. Acción: la persona cambia, con o sin ayuda profesional su conducta adictiva manifestándose en la abstinencia de la sustancia, con gran esfuerzo, tiempo y compromiso. A menudo estos cambios son apreciados por el entorno del sujeto el cual se ve reforzado en sus acciones.
  5. Mantenimiento: en este estadio se persevera en la conservación y consolidación de los cambios. Aparece el miedo a la recaída y su consiguiente prevención.


El tratamiento con herramientas como la Entrevista Motivacional le ayudará a ir avanzando hacia la abstinencia total y el mantenimiento de la misma, en los primeros estadios el terapeuta es un guía que acompaña en el proceso de darse cuenta de la realidad del consumo, de lo negativo del mismo, y de la falsedad de la complicidad que mantiene con la sustancia, la persona duda entre su yo-consumidor y el yo-no-consumir, es la terapia la que facilitará el tránsito de un extremo a otro de una línea continúa imaginaria donde cada extremo representa ambos posicionamientos con respecto a la sustancia.

consumidor______________________________no consumidor

La patología dual se compone de la coexistencia de una drogodependencia y un trastorno mental definido.A las consecuencias descritas más arriba se añaden los síntomas del trastorno mental depresivo, de ansiedad, de la personalidad o esquizofrénico.

Durante el proceso de evaluación es necesario detallar la historia del consumo desde su aparición, siendo importante aclarar el inicio y su relación con la enfermedad mental para así establecer el diagnóstico de patología dual y diferenciarlo de otro trastorno inducido por el uso, abuso, dependencia, intoxicación o abstinencia a la sustancia.


La cantidad de sustancia consumida y la frecuencia va a provocar diferentes efectos sobre los síntomas de la enfermedad mental de que se trate, por ejemplo un aumento en la intensidad de las alucinaciones y los delirios propios de procesos psicóticos, con especial énfasis en los de carácter paranoide, un descenso importante de la autoestima, un desinterés por relaciones sociales y hábitos de vida y ocio saludables y el establecimiento de relaciones asociadas y orientadas al consumo de la sustancia de la que se es dependiente o de otras conducentes a la droga problema. Son estas relaciones a menudo “utilitaristas” cuyo objetivo es conseguir la sustancia, es por esto que la persona puede verse involucrada en actividades delictivas, como pequeños hurtos de dinero o prostitución. No es raro, por ejemplo, el abuso de alcohol conducente al consumo de cocaína, si en el análisis funcional de la conducta de consumo se repite la presencia de otra sustancia conviene evaluar la presencia de policonsumo.

Tanto el efecto excitante de la cocaína como las conductas conducentes a su consumo pueden aumentar la aparición de episodios de autoagresividad y heteroagresividad, con falta de control de los impulsos y percepción de descontrol de los propios actos y control atribuido a la sustancia.

El consumo de cocaína se inicia con gran frecuencia en lugares de ocio recreativo tales como bares o discotecas, así mismo se le atribuye a la sustancia la capacidad de desinhibición “necesaria” para entablar relaciones con desconocidos, bailar, reir, “pasárselo bien”. En muchos casos la red social de la persona con enfermedad mental se limita a aquellos con los que comparte las actividades o el tratamiento en los centros de rehabilitación, la cocaína es el motor para relacionarse fuera del circuito de salud mental.
Otra utilidad atribuida a la sustancia es la “automedicación”, la reducción de los síntomas de la enfermedad mental, por ejemplo la ansiedad, la “angustia psicótica”. A este respecto señalar que convendrá la desintoxicación o esperar a que pasen los efectos del consumo para valorar si existe descompensación psicopatológica y en este caso ajustar la medicación psiquiátrica.

Las condiciones necesarias para poder iniciar un trabajo terapéutico con el suficiente grado de compromiso e implicación son el mantenimiento de la abstinencia y la estabilización psicopatológica y una aceptable adhesión al tratamiento, para lo cual tendría que tener sino total si cierta conciencia de que tiene un problema con la sustancia e igualmente un deseo de cambio y búsqueda de ayuda profesional para su consecución creando así la base necesaria para re/establecer el proceso rehabilitador en todas las áreas afectadas: cognitiva, emocional, familiar, laboral, social, etc.

Para este fin se hace imprescindible en un primera parte de dicho trabajo el uso de control externo mediante el acompañamiento constante de la persona, el no acceso a dinero, evitar cualquier relación con consumidores y paso por lugares de consumo y establecimiento de actividades alternativas a las asociadas al consumo.

Es importante la coordinación entre los centros de salud mental y los profesionales de las drogodependencias, pues el trabajo en el consumo de sustancias es la punta del iceberg de otros problemas subyacentes en la vida de la persona.


BIBLIOGRAFÍA

  • Asociación Dual. http://www.patologiadual.com
  • Cabrera Forneiro, J. Patología Dual. Comunidad de Madrid, Agencia Antidroga y Cols. Feafes, Femasam y Amafe. Ed. Gráficas Delos. 1998.
  • Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSMIV-TR. Ed. Masson. 2002.
  • Moro, J. y Uriarte, J. Programa de Intervención en Diagnóstico Dual. Hospital Psiquiátrico de Zamudio. 2000.
  • Pérez de los Cobos, J. Instrumentos Clínicos para la Evaluación de la Dependencia de Cocaína. Ed. Ars Médica. 2003.


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