Diego Pulido
Valero
Director CRPS, CRL y CD “Carabanchel”.
Fundación “El Buen Samaritano”
El objeto de la
presente pretende flejar mi experiencia de 3 años
en la dirección de tres recursos de rehabilitación
(Centro de Rehabilitación Psicosocial –CRPS-,
Centro de Rehabilitación Laboral –CRL-
y Centro de Día –CD- en el Área
Sanitaria 11 de la Comunidad de Madrid); dichos
recursos pertenecen al Plan de Atención
Social para Personas con Enfermedad Mental Grave
y Crónica 2003-2007 (a partir de ahora
el Plan) de la Consejería de Familia y
Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid.
La
implantación de los recursos del Plan viene
marcada por el carácter del grupo de profesionales
altamente implicados en la rehabilitación
del colectivo atendido, siendo éste un
factor muy importante en el buen funcionamiento
de los dispositivos que integran la red de atención
de dicho Plan. La impregnación de la filosofía
de rehabilitación en los equipos es clave
en el trabajo del día a día. Así,
la figura del director, tal y como yo la entiendo,
es la de ser quien “dirija” ese equipo
hacia la consecución de las premisas que
pretende alcanzar lo que entendemos por rehabilitación.
Esta labor de determinar
hacia dónde y cómo deben de encaminarse
las intervenciones es mi objetivo básico
de trabajo, siendo la función de liderazgo
de los equipos ese papel clave que debo asumir
como director. En el caso de los recursos que
cuentan con la dirección de un director
por recurso este papel es claramente identificable,
cumpliéndose las premisas necesarias para
llevar a cabo dicha labor; la situación
se complica cuando el director tiene que ejercer
dicha función en varios recursos, esto
es, con varios equipos (mi caso): me refiero que
se complica al hecho de tener que dividir el tiempo
de atención que puedes prestar al número
de recursos atendidos (en mi caso, el tiempo que
puedo aportar desde mi figura de dirección
en los recursos que dirijo se describiría:
1/3 director de CRPS + 1/3 director de CRL + 1/3
director de CD).
La realidad no siempre
me permite cumplir esa premisa aritmética,
pues dependiendo del momento evolutivo de cada
equipo la dirección prestada a cada uno
de estos variará: aquellos equipos que
posean una mayor madurez, entendida ésta
como una mayor capacitación de autonomía
en el desarrollo de su actuación, requerirán
un tiempo de atención menor, volcándome
en aquellos equipos que por su momento evolutivo
requieran de mayor atención. El equilibrio
que se debe tener para con los tres recursos debe
ser exquisito con el objeto de no dejar de velar
por la consecución de los objetivos clave.
Y esto no siempre es fácil.
En un artículo
publicado en foros de profesionales dedicados
al campo de la rehabilitación se ha calificado
a los directores de varios recursos de rehabilitación
como “superdirectotes”. Yo no me considero
como tal, sino todo lo contrario: la sensación
de no ser capaz de llegar a objetivos que te marcas
surge en más de las ocasiones que desearía,
viviendo con la sensación de no ser capaz
de dedicar toda la atención que necesitaría
cada equipo. Esto me ha llevado durante el último
año a solicitar a la empresa a la que pertenezco
la creación de “figuras de apoyo
técnico a la dirección” (profesionales
dentro de los equipos que puedan realizar un papel
de apoyo al director cuando éste no esté
presente –que siguiendo mi fórmula
aritmética anterior me ocurre en 2/3 partes
del tiempo-).
Fruto de esa
demanda reiterada se ha conseguido que finalmente
a partir del 1 de diciembre del presente año
el CRL “Carabanchel” cuente con la
figura de una directora propia y el CRPS y CD
“Carabanchel” con la de otro (en este
caso yo). Creo que es un paso importante en la
mejora de la atención que se puede prestar
desde estos tres recursos de rehabilitación.
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