Alejandro
Bello Gómez-Psicólogo
Psicoeducación.
El término “psicoeducación”
ha sido utilizado durante décadas para
referirse a la transmisión de información
clínica desde un profesional especializado
hasta los usuarios. Nunca se ha tenido muy clara
su vinculación con el proceso rehabilitador
o psicoterapéutico, asumiendo por lo general
que forma parte fundamental de ellos pero sin
arriesgarse a introducirlo como clave de ningún
momento específico del proceso.
La explicación de los síntomas asociados
al diagnostico, la explicación de las vías
de acción y efectos secundarios o la explicación
de recursos comunitarios al alcance del usuario
suponen el núcleo duro de los grupos o
intervenciones psicoeducativas.
Sin embargo, en los últimos años
se han alzado voces en contra de esta manera de
interpretar la relación entre los conocimientos
del profesional y los del usuario (por la sencilla
razón de que explicar algo a alguien no
es motivo suficiente para que ese “alguien”
modifique sus constructos).
La propuesta de sustituir la psicoeducación
clásica por la novedosa se fundamenta en
que el usuario, tras su primer brote, ha desarrollado
la enfermedad como la menos mala de las vías
posibles de mantener su capacidad predictiva sobre
el mundo que le rodea. Es decir, que su narrativa
primaria se fractura y la ideación delirante
o las creencias sobre sus alucinaciones no son
más que un intento de mantener un “SELF”
viable.
Las implicaciones para la práctica son
notables: el profesional deberá colocarse
en una posición de suspensión de
juicio sobre la veracidad o no de los contenidos
del relato del usuario para pasar a ser un colaborador
de éste en la tarea de facilitar la reconstrucción
de los acontecimientos vividos desde diferentes
perspectivas. La premisa clave es que la nueva
narrativa ha de ser suficientemente parecida y
suficientemente diferente de la anterior.
El papel de la medicación ha de entenderse,
por tanto, en el contexto del sistema de constructos
del paciente. Para cada usuario puede significar
relaciones diferentes entre su historia personal,
su visión de sí mismo (en concreto
de su manejo de la conciencia) y de su cuerpo.
Es habitual encontrar reticencias a la medicación
asociadas a:
Ø Críticas al modelo biologicista
occidental.
Ø Críticas a la supuesta “evidencia
experimental” y al poder “persuasivo”
de los laboratorios.
Ø Críticas a la relación
entre medicación y la libertad perdida.
Ø Críticas a los efectos secundarios
alienantes.
Todo ello nos permite
concluir que el análisis de la relación
entre usuario y adherencia a la medicación
ha de ser individualizada, respetuosa, comprensiva
y, al igual que decíamos más arriba,
facilitadora de una nueva narrativa que guarde
suficiente parecido con la previa.
Autocontrol.
El término “autocontrol” ha
sufrido su notable descrédito en los últimos
años. Diferentes estudios experimentales
sobre el papel de la emociones como forma veloz
de procesamiento de la información, la
eficacia de las intervenciones basadas en el aireamiento
emocional en situación de crisis y el transvase
de diversos teóricos de modelos racionalistas
hacia otros postracionalistas han contribuido
al incremento de técnicas basadas en el
automanejo emocional. El objetivo no será
ya el control o la inhibición de emociones
sino su comprensión, uso y manejo.
Habilidades Sociales
Están ampliamente difundidos los estudios
sobre la muy limitada eficacia de los entrenamientos
en habilidades sociales que se llevan tradicionalmente
a cabo en los centros del ámbito de la
rehabilitación psicosocial. La falta de
contingencia estimular en los ámbitos ecológicos
puede ser una buena razón explicativa (en
castellano, que la conducta hábil socialmente
no se parece en nada a lo que la realidad te pide).
Por otro lado, en las habilidades sociales encontramos
un déficit extendido a todo el paradigma
técnico cognitivo-conductual: la importancia
de los significados personales del sujeto que
arrostramos. La asociación entre constructos
éticos y otros asociados al desempeño
social puede hacernos encontrar a sujetos que
no estén dispuestos a generalizar sus conductas
porque implicaría para ellos aplicarse
constructos indeseables. De este modo, en caso
de que alguien asocie la sonrisa con la hipocresía,
sus conductas irán destinadas la validación
de los constructos más nucleares y coherentes.
No tener en cuenta los significados personales
pone a los profesionales en riesgo de luchar contra
lo indestructible.
Establecimiento de límites
La diversidad profesional existente en los centros
de rehabilitación psicosocial es caldo
de cultivo para la difusión de conceptos
desvirtuados. Estrictamente hablando, “poner
límites” no es ni más ni menos
que proporcionar contingencia estimular; refuerzo
(positivo o negativo) y castigo (ídem).
El problema nos lo encontramos cuando no se es
capaz de identificar en un simple comentario cuál
de esas estrategias se ha utilizado. De este modo,
puede interpretarse como “establecimiento
de límites” lo que no es más
que un refuerzo atencional enorme (refuerzo que,
en caso de contener potencial reforzante para
el sujeto le producirá flaco favor).
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