|
Leandro Manuel Díaz Caneja
Técnico de Apoyo a la Inserción
Laboral del CRLGetafe
Marzo 2007
Recientemente se ha aprobado la Ley de Promoción
de la Autonomía Personal y Atención
a las Personas en Situación de Dependencia
(LEPA), mucho se está hablando sobre su
repercusión en la sociedad actual.
Se dice que es el Cuarto Pilar de la Economía
del Bienestar, aunque para que esto ocurra falta
aún que se desarrollen los Sistemas de
Autonomía y Atención a la Dependencia,
que se establezcan las responsabilidades de cada
una de las Administraciones (Estatal, Autonómica
y Local), que se doten de partidas presupuestarias
cada una de las iniciativas planteadas, etc. En
fin, queda bastante camino por recorrer para que
la Ley sea efectiva.
Ese camino legal y administrativo compete a los
gestores y políticos pero el recorrido
que debe llevar la Ley para que sea útil
y cercana a las personas nos compete a todos y
todas las que trabajamos en el área de
Servicios Sociales.
El camino será largo pero comencemos por
las palabras que utilizamos. Porque es muy importante
el lenguaje que utilizamos y no empezamos bien
cuando el nombre por el que se está dando
a conocer la norma a la gente es la de “Ley
de Dependencia”.
Según el diccionario Depender significa
«Estar o quedar al arbitrio de una voluntad»
o «Vivir de la protección de alguien,
o estar atenido a un solo recurso» y Dependencia
viene a expresar la «Situación de
una persona que no puede valerse por sí
mismo».
A parte de significado académico, las palabras
poseen una carga filosófica importante,
impregnada de valores y estilos, que determinará
el tipo de intermediación que las personas
esperan recibir.
Si hablamos de Ley de Dependencia impulsamos el
enfoque asistencialista y de beneficencia que
nos lleva a arcaicos modelos de intervención
social.
En aras de fomentar el desarrollo personal hasta
el máximo personal propondría utilizar
como denominación de esta norma la de “Ley
de Autonomía Personal” y cargar su
aplicación de valores como la independencia,
la autonomía, a la igualdad de oportunidades
y vindicar el derecho a la diferencia.
Cambiemos el “soy discapacitado” por
el “soy diferente”.
|