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Carmen Medina Díaz. Psicóloga
en Grupo Ágora Intervención Sociocomunitaria.
Educadora en la Minirresidencia de Getafe. Gestión
Técnica Intress.
Al ingreso en un recurso pierden? el rol con el
que vienen para pasar a convertirse en “usuarios”,
“residentes”, “derivados”,
“ingresos”, “T.P.s”. Son
variados los nombres que adoptan y ninguno de
ellos personalizado. ¿favorecemos la estigmatización
en nuestro centro de trabajo?.
Como profesionales de la Salud Mental es tarea
nuestra seguir con la “rehabilitación”
e integración fuera de los muros de nuestros
puestos de trabajo, y no favorecer con ello la
imagen de agresividad o “deficiencia mental”
con que comúnmente se asocia a personas
de las que se sabe tienen una “etiqueta”
diagnóstica-limitante-estigmatizadora?.
Todos conocemos el Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales,
es una buena herramienta de trabajo, simplifica
la comunicación entre los profesionales
y favorece el entendimiento, clarifica la literatura
científica. Más allá de esta
utilidad se desvirtúa su uso hasta carecer
de significado o asociarlo a conductas concretas
y no las más frecuentes, por ejemplo como
ocurre con la depresión, el estrés
o la esquizofrenia.
El mal-uso común hace necesario clarificar
muy mucho el significado que le da una persona
que se describe con estos términos en la
consulta, y dar información al respecto.
Es labor del profesional
en la rehabilitación e integración
social de la persona con enfermedad mental no
olvidar el carácter de “persona”
por encima del diagnóstico escrito en los
informes. Es necesario establecer un equilibrio
entre la posición de poder como profesional
“sano” y el respeto a las necesidades,
inquietudes, preocupaciones, deseos, esperanzas,
gustos, preferencias, etc. que se nos vierten
en el transcurso del trabajo con nuestros “clientes”.
Empatía, escucha, análisis, técnica,
profesionalidad son directrices básicas
que deben guiar nuestro desempeño diario,
por y para las personas que atendemos cada día.
Establecer una buena relación de ayuda,
no paternalista, no protectora, sí sensible
y basada en objetivos, acordados con el resto
de profesionales y el interesado y el empleo de
la técnica, del conocimiento teórico
y práctico que debe ser la base de nuestra
intervención.
Sin recurrir a las teorías de la vulnerabilidad
… decir que todos en algún momento
de nuestra vida podemos correr riesgo de padecer
una crisis relacionada con alguna patología
mental, es por esto que debemos cuidarnos y cuidar
a las personas, que, siendo como “nosotros”,
la padecen.
El respeto al ritmo de la persona, conocer el
momento vital que atraviesa, y desde ahí
trabajar, apoyar al desarrollo de la propia individualidad,
confeccionar unos Planes Individualizados de Rehabilitación
basados en una evaluación multidisciplinar,
realistas, contextualizados, que definan líneas
de actuación concretas.
El equipo del centro
tendría que disponer de un espacio en el
que verter la tensión acumulada por la
situaciones de responsabilidad en la toma de decisiones,
intervenciones conflictivas, manejo de los impulsos
de los demás (y a menudo de los propios).
Este espacio es el lugar apropiado para la broma,
la risa y el humor que tanto ayudan en los momentos
difíciles. Es el lugar en el que expresar
los propios miedos, las inseguridades, las preocupaciones
provocadas por el trabajo y/o por circunstancias
personales que puedan estar afectando en el desempeño
del mismo.
Es necesario estar atentos a estos aspectos personales
y otros que puedan estar afectando en nuestro
desempeño profesional: aquella persona
que nos traslada a nuestro “túnel
del tiempo” , la que no nos cae bien, la
que nos hace enfrentarnos con algo de nosotros
mismos que nos disgusta, la que supone un constante
reto e innovación profesional sin conseguirlo,
la que nos provoca rechazo quizás por recordarnos
a alguien a quien odiamos, y un largo etcétera
que cada uno añadirá en su lista
particular. Tenemos que estar atentos a lo que
nos pase, y si podemos ayudarnos en el resto del
equipo para neutralizar estos aspectos, trabajarlos
para que no afecten al desarrollo adecuado de
nuestras funciones debemos acudir al compañero
sin que por ello se vea mermada nuestra capacidad
de trabajo, si no fortalecida nuestra cualidad
humana y de ayuda al otro que tan necesaria es
en nuestro quehacer cotidiano.
Es parte importante
de cualquier curso sobre Habilidades Sociales
la parte destinada a las críticas. Aquí
hago mención a recibir críticas
negativas, y a procurarlas, aunque también
las positivas nos cuestan, pesa el bagaje castrante
de nuestra cultura judeo-cristiana. La labor de
autocrítica ayuda al crecimiento personal
y al desarrollo de una buena ética profesional,
conocer las propias debilidades y limitaciones
es tan humano como valorar las virtudes, y prestarles
atención nos ayudará a limar las
propias asperezas y convertirnos en mejores personas,
y desde esta actitud de humildad y profundo sentir
humano y respeto por nosotros mismos ayudar a
quienes nos necesitan.
Implicación sincera,
humildad, compromiso y sensibilidad me parecen
significativas en el trabajo con personas. A menudo
olvidamos que nuestras palabras, nuestros comportamientos,
cómo funcionamos, afectan en gran medida
a quien nos escucha, quien deposita en nosotros
su futuro, tan ardua tarea debe tratarse con esmero,
consideración y reflexión. La decisión
puede que no sea la acertada, pero al menos tendremos
la tranquilidad de que el proceso hasta llegar
a ella ha sido el correcto.
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