Cada
mañana saco fuerza de la reserva para levantarme
y salir de la cama. Esa reserva se ha convertido
en mí, es lo que queda de mí después
de treinta y cinco años de vida moderna.
Salto, para no dudar, salto como un resorte con
un reflejo que me viene de la columna y voy al
baño. Comienzo la cadena de levantadas.
Apúrate le digo a mi hijo, si no despiertas
pronto vamos a llegar tarde, no vamos a alcanzar
a entrar al colegio por la puerta chica y eso
a ti no te gusta. ¿Te acuerdas que dijimos
que íbamos a hacer campaña para
llegar a tiempo? Es importante llegar a tiempo,
in time, no on time que es como yo he vivido,
tratando de que pudiera ser. Está bien
hijo, un minuto más, pero sólo un
minuto. Aprovecho de poner la cafetera. Lo arrastro
encima de la cama, todavía duerme cuando
le saco su piyama. ¿Mamá, para qué
hay que ir al colegio?, pregunta. Yo digo que
ir al colegio es muy cansado, opina. Te hace bien,
así uno crece, tiene amigos y sabe más
cosas. Por ejemplo el año pasado no sabías
contar muy bien y ahora sí, a ver cuánto
puedes contar hasta que termine de vestirte. Con
qué letra empieza tu nombre, muéstrame
un cuadrado en esta pieza, ahora un rectángulo.
¡Great! Ves, ahora sabes muchas cosas, sí
sirve ir al colegio. Estamos listos, te ves precioso,
anda a lavarte la cara y te sirvo el desayuno,
¿quieres leche y cereal por separado o
en la misma taza? Faltan los zapatos, ponte tú
solo los zapatos, mira que ya se despertó
tu hermana.
Hola princesa dormilona,
ojalá te dure mucho la chacota, si te despiertas
siempre con esa sonrisa estás salvada,
te va a ir bien en la vida. Tienes el pañal
lleno de pipí, qué chica más
cochina eres...eres deliciosa, preciosa...Estás
lista, vamos a la mesa y te preparo la mamadera.
No te muevas mucho, te vas a caer de la silla.
Apúrate hijo. Toma el desayuno mientras
hago la leche de tu hermana.
Mamá, llegó
la Rosa!! Qué bueno que llegó, suspiro.
Por favor cuide a los niños un minuto mientras
me pongo algo encima. Vamos pequeño. Chao,
princesa. Mierda! Dónde dejé las
llaves, no en encuentro las llaves, todos los
días lo mismo, por qué. Alguien
me dijo que esto de las llaves era un tema. Yo
puse cara de interés, un tema, le dije,
claro. Gracias príncipe, eres el héroe
que encuentra llaves. Vuelo. Llegamos al colegio.
Give me five pequeño, entramos por la puerta
chica!! Después del colegio, paso al banco
y vuelvo, Rosa, le dije.
Le dije que volvía...se
me cierran los ojos y no sé si llegue a
la próxima esquina. No me importa llegar,
aunque sí, los niños, los niños
son preciosos. No te quedes dormida me obligo,
pero que ganas, sólo para descansar, descansar
un poco. Voy al banco y hago la cola. Es tremendo
no ser titular de cuenta corriente en este país,
tienes trato de segundo nivel, o peor. Quisiera
dormirme y nadar; estar de noche en un lago del
sur, nadar desnuda con la piel erizada por el
agua fría. Quisiera flotar y ver el mundo
al revés. Es importante ver el mundo al
revés, darse cuenta de que las cosas no
son lo que parecen. Siempre, siempre hay un secreto,
y una salida. Bebería el agua de una vertiente,
la secaría.
El aire del auto me
sofoca, cómo puede calentarse tanto y en
tan poco rato. La próxima vez que me compre
un auto será con dirección hidráulica
y aire acondicionado. Tengo que ir a la telefónica,
hasta cuándo voy a pagar sin estar segura
de lo que me cobran, me convertiré en consumidor
responsable, exigiré que me aclaren esos
gastos que no entiendo, tengo que pagar ahora,
antes de que corten el servicio, pero quiero exigir
que me aclaren esos gastos. Debí ir a la
casa pero no, mejor sigo el impulso o no alcanzo
a hacer nada. Los empresarios son todos ladrones
en este país. No puede ser que en media
hora atiendan sólo a cinco clientes, es
un abuso. Qué hago con mi sueño,
me estoy cayendo de sueño. Es muy feo dormir
en lugares públicos, se puede caer la baba.
Cierro los ojos, un instante sólo un instante.
Me tocas la bocina cuando
estoy virando hacia la derecha para no meterme
equivocada otra vez a la gran vía de la
ciudad, suelo perderme en la Norte-Sur, pero vale
la pena, porque apareces no sé de a dónde
y comienzas a hacer señas de luces, a tocar
la bocina, te veo por el espejo, me sorprendo,
sonrío y grito: hola, de dónde saliste.
Estacionamos en doble fila, me bajo del auto,
entro de clavado por tu ventana. Te beso, me besas
y me despido. Me voy saltando, corriendo a mi
auto, feliz. Mijito rico, grito desde mi auto,
me alcanzas y desde tu ventana te asomas: I love
you baby. Me río, tu inglés es ridículo.
No puede ser que en
media hora atiendan a sólo cinco clientes,
es un abuso. Ella está indignada, su hijo
pequeño está acalorado, inquieto
corre hacia adentro y fuera de las oficinas, atravesando
las puertas automáticas que ya no saben
si abrir se o cerrarse porque el niño va
hacia allá y hacia acá. Ella, la
mamá, va hacia el mesón de atención
de público, reclama, no es posible que
nos traten así, estamos esperando y no
hay quien atienda, dónde está el
gerente, llamen al jefe del local. Ella está
furiosa y el niño sale y entra atravesando
las puertas de corredera. Ella comienza a gritar,
insulta a la señorita, la que atiende al
público, la señorita le entrega
un papel y le indica que haga un reclamo por escrito.
La mujer maldice, tiene mucha, mucha rabia. El
niño corre hacia adentro y hacia fuera
y las puertas se atascan apretándolo. No
puede soltarse, grita, le duele. La mujer grita
más fuerte, increpa a los guardias, les
exige que abran las puertas. Nadie hace nada.
El hombre se levanta
y toma una largo papelero metálico con
el que hace palanca y abre las puertas. El niño
llora y corre hacia la madre que sigue gritando
indignada, mientras escribe su reclamo. El niño
llora, la mira, ella no lo ve. El niño
tiene los brazos rojos. Me levanto para hacer
algo, quiero darle algún consuelo. Hay
una máquina de agua y sirvo un vaso para
el niño. Me acerco y la madre me mira a
los ojos con odio. Sólo quiero darle un
vaso de agua, pensé que podía ayudarle
con la pena. No gracias, dice ella. Toma al niño
de un brazo, él llora más fuerte,
debe dolerle la mano de la madre apretándolo.
La sigo hasta la esquina, cruza la calle, no mira
al niño que ya no llora y camina al paso
apurado de la madre, trato de decirle que tenga
cuidado, señora, cuidado, cuidado señora,
señora, la micro, señora, la micro!
Regreso al auto.
Hace un calor insoportable. Abro las ventanas
y entra el olor a humo y encierro del estacionamiento
subterráneo. Quisiera a dormir un poco,
llorar a gritos y darme una ducha.
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