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SANTIAGO blues- (morning has broken)
Claudia Reyes Allendes Mayo 2007- Santiago de Chile
Pongo primera, parte el auto, las marchas pasan solas. Cuando no sabía conducir pensaba que sería imposible coordinar el pie derecho en el acelerador, con el izquierdo en el embrague. Hemisferio derecho, hemisferio izquierdo, cómo hacer para que se contengan el uno al otro, para no perder el rumbo, para distinguir lo importante. Seguir o no. Podría estrellarme contra la micro que está frente a mí, mi azul compacto en el blanco y amarillo del bus que agresivamente avanza frente al edificio Diego Portales de la Alameda santiaguina. Podría, claro, podría acelerar y estrellarme. ¿Y luego qué? Podría quedar viva y eso no, decidir morir para siempre o nada. Morir o vivir, that is my question. Quisiera vivir pero me falta continente, no quepo en mí, no soy capaz de resistirme, de cargarme, de empujarme.

Cada mañana saco fuerza de la reserva para levantarme y salir de la cama. Esa reserva se ha convertido en mí, es lo que queda de mí después de treinta y cinco años de vida moderna. Salto, para no dudar, salto como un resorte con un reflejo que me viene de la columna y voy al baño. Comienzo la cadena de levantadas. Apúrate le digo a mi hijo, si no despiertas pronto vamos a llegar tarde, no vamos a alcanzar a entrar al colegio por la puerta chica y eso a ti no te gusta. ¿Te acuerdas que dijimos que íbamos a hacer campaña para llegar a tiempo? Es importante llegar a tiempo, in time, no on time que es como yo he vivido, tratando de que pudiera ser. Está bien hijo, un minuto más, pero sólo un minuto. Aprovecho de poner la cafetera. Lo arrastro encima de la cama, todavía duerme cuando le saco su piyama. ¿Mamá, para qué hay que ir al colegio?, pregunta. Yo digo que ir al colegio es muy cansado, opina. Te hace bien, así uno crece, tiene amigos y sabe más cosas. Por ejemplo el año pasado no sabías contar muy bien y ahora sí, a ver cuánto puedes contar hasta que termine de vestirte. Con qué letra empieza tu nombre, muéstrame un cuadrado en esta pieza, ahora un rectángulo. ¡Great! Ves, ahora sabes muchas cosas, sí sirve ir al colegio. Estamos listos, te ves precioso, anda a lavarte la cara y te sirvo el desayuno, ¿quieres leche y cereal por separado o en la misma taza? Faltan los zapatos, ponte tú solo los zapatos, mira que ya se despertó tu hermana.

Hola princesa dormilona, ojalá te dure mucho la chacota, si te despiertas siempre con esa sonrisa estás salvada, te va a ir bien en la vida. Tienes el pañal lleno de pipí, qué chica más cochina eres...eres deliciosa, preciosa...Estás lista, vamos a la mesa y te preparo la mamadera. No te muevas mucho, te vas a caer de la silla. Apúrate hijo. Toma el desayuno mientras hago la leche de tu hermana.

Mamá, llegó la Rosa!! Qué bueno que llegó, suspiro. Por favor cuide a los niños un minuto mientras me pongo algo encima. Vamos pequeño. Chao, princesa. Mierda! Dónde dejé las llaves, no en encuentro las llaves, todos los días lo mismo, por qué. Alguien me dijo que esto de las llaves era un tema. Yo puse cara de interés, un tema, le dije, claro. Gracias príncipe, eres el héroe que encuentra llaves. Vuelo. Llegamos al colegio. Give me five pequeño, entramos por la puerta chica!! Después del colegio, paso al banco y vuelvo, Rosa, le dije.

Le dije que volvía...se me cierran los ojos y no sé si llegue a la próxima esquina. No me importa llegar, aunque sí, los niños, los niños son preciosos. No te quedes dormida me obligo, pero que ganas, sólo para descansar, descansar un poco. Voy al banco y hago la cola. Es tremendo no ser titular de cuenta corriente en este país, tienes trato de segundo nivel, o peor. Quisiera dormirme y nadar; estar de noche en un lago del sur, nadar desnuda con la piel erizada por el agua fría. Quisiera flotar y ver el mundo al revés. Es importante ver el mundo al revés, darse cuenta de que las cosas no son lo que parecen. Siempre, siempre hay un secreto, y una salida. Bebería el agua de una vertiente, la secaría.

El aire del auto me sofoca, cómo puede calentarse tanto y en tan poco rato. La próxima vez que me compre un auto será con dirección hidráulica y aire acondicionado. Tengo que ir a la telefónica, hasta cuándo voy a pagar sin estar segura de lo que me cobran, me convertiré en consumidor responsable, exigiré que me aclaren esos gastos que no entiendo, tengo que pagar ahora, antes de que corten el servicio, pero quiero exigir que me aclaren esos gastos. Debí ir a la casa pero no, mejor sigo el impulso o no alcanzo a hacer nada. Los empresarios son todos ladrones en este país. No puede ser que en media hora atiendan sólo a cinco clientes, es un abuso. Qué hago con mi sueño, me estoy cayendo de sueño. Es muy feo dormir en lugares públicos, se puede caer la baba. Cierro los ojos, un instante sólo un instante.

Me tocas la bocina cuando estoy virando hacia la derecha para no meterme equivocada otra vez a la gran vía de la ciudad, suelo perderme en la Norte-Sur, pero vale la pena, porque apareces no sé de a dónde y comienzas a hacer señas de luces, a tocar la bocina, te veo por el espejo, me sorprendo, sonrío y grito: hola, de dónde saliste. Estacionamos en doble fila, me bajo del auto, entro de clavado por tu ventana. Te beso, me besas y me despido. Me voy saltando, corriendo a mi auto, feliz. Mijito rico, grito desde mi auto, me alcanzas y desde tu ventana te asomas: I love you baby. Me río, tu inglés es ridículo.

No puede ser que en media hora atiendan a sólo cinco clientes, es un abuso. Ella está indignada, su hijo pequeño está acalorado, inquieto corre hacia adentro y fuera de las oficinas, atravesando las puertas automáticas que ya no saben si abrir se o cerrarse porque el niño va hacia allá y hacia acá. Ella, la mamá, va hacia el mesón de atención de público, reclama, no es posible que nos traten así, estamos esperando y no hay quien atienda, dónde está el gerente, llamen al jefe del local. Ella está furiosa y el niño sale y entra atravesando las puertas de corredera. Ella comienza a gritar, insulta a la señorita, la que atiende al público, la señorita le entrega un papel y le indica que haga un reclamo por escrito. La mujer maldice, tiene mucha, mucha rabia. El niño corre hacia adentro y hacia fuera y las puertas se atascan apretándolo. No puede soltarse, grita, le duele. La mujer grita más fuerte, increpa a los guardias, les exige que abran las puertas. Nadie hace nada.

El hombre se levanta y toma una largo papelero metálico con el que hace palanca y abre las puertas. El niño llora y corre hacia la madre que sigue gritando indignada, mientras escribe su reclamo. El niño llora, la mira, ella no lo ve. El niño tiene los brazos rojos. Me levanto para hacer algo, quiero darle algún consuelo. Hay una máquina de agua y sirvo un vaso para el niño. Me acerco y la madre me mira a los ojos con odio. Sólo quiero darle un vaso de agua, pensé que podía ayudarle con la pena. No gracias, dice ella. Toma al niño de un brazo, él llora más fuerte, debe dolerle la mano de la madre apretándolo. La sigo hasta la esquina, cruza la calle, no mira al niño que ya no llora y camina al paso apurado de la madre, trato de decirle que tenga cuidado, señora, cuidado, cuidado señora, señora, la micro, señora, la micro!

Regreso al auto. Hace un calor insoportable. Abro las ventanas y entra el olor a humo y encierro del estacionamiento subterráneo. Quisiera a dormir un poco, llorar a gritos y darme una ducha.

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